La Maison de la Vierge



Spaguettis a la Mariano Iriarte

Otra vez (y las que quedan) vengo con un texto sacado de ese recurso tan utilizado últimamente que no es más que la pequeña colección que tienen disponible en el Foro Itaca. Esta vez, vengo a hablaros de dos en concreto, los dos de Mariano Iriarte y fechados con tres días de separación: “El tiempo y el deseo” y “Deseo y cambio hacia nuevos modelos participativos”. Entonces, creo que queda claro que el deseo es de nuevo protagonista de este pequeño espacio llamado post al igual que un gran disco de la gran Björk, pero ese es otro tema…

Existe en todo viviente una orientación del devenir orgánico, un impulso de conservación individual y de la especie y que se vive en el ser humano como Ananké, Eros y Ágape. Eros en representación del amor, Anaké en la de la necesidad y Ágape como una tendencia a compartir con los otros. Esta clasificación de los factores motivantes o motores de una vida no difiere mucho de la que otros han hecho anteriormente, como Linus Torvalds o Abraham H. Maslow (del que todavía tengo un post pendiente a medio escribir, pero por el cual no siento especial motivación, porque resumir todo eso en un post me cuesta horrores). Sin embargo, no es objeto de este texto hablar de motivación sino de deseo y quien mejor que Espinosa para intentar definirlo.

Antes de nada, hay que aclarar la diferencia que existe entre deseo y voluntad, ya que a veces se confunden ambos términos. La voluntad solo puede verificarse en el acto. La voluntad necesita armonizar el deseo, con unas actitudes, con una percepción de poder, con unos valores, con un comportamiento que retroalimenta esta voluntad y que hace que el deseo se despliegue y no se inhiba. Se puede decir que la voluntad es el deseo con algunos ingredientes complementarios, que le dan sabor. Sin estos complementos, solo tendríamos deseo pero con ellos podemos actuar de alguna manera para poder hacer de ese deseo algo real, algo con un sabor totalmente distinto. Podríamos decir incluso que el deseo son spaguettis y la voluntad spaguettis con calabaza, champiñones, jamón y queso.

Comparaciones culinarias aparte, el deseo es un concepto del que se ha hablado desde hace unos cuantos siglos. Uno de los primeros en hacerlo desde una óptica filosófica fue Espinosa en su libro “La Ética” (1675). Nos ofrece una comparación del deseo y la voluntad: El esfuerzo por el cual cada cosa intenta perseverar en su ser no es otra que la esencia actual de esta cosa. (…) Este esfuerzo cuando se refiere al alma es llamado voluntad; pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo es llamado apetito. El apetito no es otra cosa que la esencia misma del hombre, de la naturaleza de la cual sigue sigue necesariamente aquello que sirve a la conservación; cosa que el hombre está destinado a hacerlo. Además, no hay ninguna diferencia entre apetito y deseo, sino que el deseo se refiere generalmente a los hombres en tanto que estos tienen conciencia de sus apetitos, y puede, por esta razón definirse así: el deseo es el apetito acompañado de la conciencia de sí mismo. Sin embargo, somos conscientes de nuestros apetitos después de haberlos experimentado.

Sin imaginación no existe deseo. Necesitamos imaginar, crear una imagen del objeto deseado para diferenciarlo de la necesidad. No imaginamos aquello que necesitamos, sabemos qué es, pero cuando ideamos en nuestras mentes un objeto, lo deseamos, y como aquello que deseamos suele ser distinto a lo imaginado cuando se hace material, seguimos deseando, no quizá la misma cosa, pero nuestro deseo sigue ahí. Por lo cual, se puede decir que el deseo muta cada vez que nos acercamos a él, lo que hace de ello algo inalcanzable.

El deseo es humano como la conciencia es humana. Aunque sea algo que nos acompaña toda la vida, algo que tengamos en particular cada uno de nosotros, es a su vez algo que heredamos de la sociedad. Por lo cual, el componente externo (o del entorno) tiene gran peso. Iriarte nos muestra una serie de elementos para demostrar que el entorno tiene vital influencia en nuestros deseos:

  • El deseo es cultura y es relación. Detrás de las actitudes están las creencias y las emociones, es decir, las relaciones con los otros a través de las cuales se construyen las creencias y se viven emociones. No hay deseos sin relaciones con los otros. No hay deseos en el individuo, hay deseos entre el individuo y los otros.
  • El deseo nace en la experiencia de la relación.Es la relación el territorio en el que el deseo se construye o se destruye.
  • El deseo es mimetismo El deseo se construye en el juego social y desde el otro.
  • El deseo es una construcción entre pasado y futuro. El deseo es una construcción entre un pasado revisitado y una ilusión proyectada. Es decir, un constructo mental.
Aitor Lagoma

Aitor Lagoma – Bitartetik

Y aquí es donde hago un copypaste en toda regla, donde cojo el texto de Mariano Iriarte y lo pego tal cual viene, ya que me parece interesante lo que cuenta pero no he sido capaz de interiorizarlo hasta el punto de ponerlo con mis palabras. En otras palabras, no sé como escribir esto, se me hace demasiado complicado y teniendo en cuenta que llevo más de un mes escribiendo esto, no me apetece demasiado meterme en terrenos pantanosos y desconocidos. Puedes caerte al agua y hacerte daño.

Por lo tanto, ahí va. Si entendemos que el deseo es primigenio y que todo el resto y en particular la
cultura, las normas y las estructuras son como una mordaza que ata el deseo,
siguiendo a Espinosa o Delouze, no tenemos más que liberarlo
deshaciéndonos de ellas, construyendo nuestra ética desde el deseo.
Por el contrario, si entendemos el deseo como expresión de la cultura, no es
porque cambie la esencia del trabajo, o cambiemos la estructura que
conseguiremos la autonomía de las personas. Ésta necesita también de un cambio de cultura y de un cambio en la ética de las relaciones. Poco importa si
esta ética se construye desde el deseo o desde los otros.
El deseo está construido y porta todo el tiempo, lo queramos o no, el reflejo de
la sociedad y de las relaciones sociales. Es decir el deseo porta la cultura de la
sociedad en la que este deseo se construye. El deseo se construye en la
relación del “yo” con el “otro”. De este modo, como la relación es cultura, la
cultura es siempre marco “limitador”; por ello el deseo portará siempre los
límites y las potencialidades de la cultura en la que se da. Hablar de liberar el
deseo deshaciéndonos de todos los elementos culturales externos al “yo” es
como hablar de un volumen a dos dimensiones, es algo que no existe.
Pasar de una organización jerárquica a una organización autoorganizada
necesita una transformación profunda que pasa también por una
transformación cultural. Más aún: En una sociedad como la nuestra donde
se están produciendo cambios en la esencia del trabajo, pero, sociedad, que
funciona sobre la base de redes de influencia, de la apariencia y del
provecho, todos los esfuerzos que hagamos por construir modelos de
empresa donde las personas despliegan todo su potencial serán en gran
medida condenados al fracaso. A no ser que haya también cambios
éticos. De lo contrario, y en este marco, todo cambio hacia un nuevo
paradigma será un cambio efímero, será como el velo de Penélope: lo que
tejemos de día lo deshilamos por la noche.
Por ello nuestro quehacer sobre nuevos modelos de empresa, no queda
reducido al campo de la estructura, ni al campo de la empresa, debe abarcar
también la educación y a la cultura. Todavía más: No podremos ir hacia un
nuevo modelo de empresa donde las personas despliegan todo su potencial, si
no hay cambio en las estructuras de acción y de decisión (empresariales y
sociales), pero tampoco si no vivimos y si no se vive en el cambio la ética
del bien común, empezando por los directivos, los políticos, los maestros
y los generadores de opinión. No hay cambio hacia una empresa
autoorganizada mientras nuestros deseos estén construidos sobre actitudes y
comportamientos de dominación, de provecho o de apariencia.
Cuando el “deseo”, el “quiero”, el “puedo” y el “debo” del trabajador se
armonicen coherentemente entre ellos y estos a su vez con el entorno,
entonces el paradigma de la participación se habrá hecho carne.

Justo esta tarde David nos ha dicho que esto era lo que no había que hacer, pero a veces hay que hacer cosas que no se deben hacer.


Comments

  1. 1 Deiane says:

    La voluntad no es más que un enredo del intelecto, un invento de los humanos para justificar lo injustificable.

    Sobre el deseo ya canta Aute,

    Cuando el deseo estalle
    como rompe una flor
    te quitaré el vestido
    te cubriré de amor
    y en la espera, te pediría…
    no te desnudes todavía, no te desnudes todavía, no…

    Posted February 22, 2009, 10:49 pm

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