Devenir literatura
Este post ha nacido de este Twitt. El twitt es mio, lo sé, pero me he puesto a pensar y como lo mio es escribir (y últimamente publicar) pues ha caido este post.
Llevo casi dos años sin escribir literatura. He escrito textos basados en cosas que he sentido desde entonces, pero no literatura. Empecé a escribir a los 15 años. Por ahí están guardados todavía mis primeros poemas y cuentos. Mis profesores decían que escribía bien, a mi siempre me ha gustado leer, por lo tanto tenía suficientes razones para seguir haciendolo. Por ahí estará también mi primer y único libro, autoeditado, cuyo único ejemplar regalé a una prima de mi padre (mi “hermana” en términos afectivos). Mantuve mi ritmo de escritura más o menos hasta los 19 años. Luego, sencillamente, desapareció hasta los 23 años, donde hizo una visita fugaz y despareció de nuevo. He perdido a la literatura, o siguiendo a Deleuze, he perdido mi capacidad de devenir literatura.
Por otra parte, están las conversaciones (largas y nocturnas) del pasado verano, donde empecé a mirar hacia mi interior para ver que pasaba. Fue el momento donde empecé a cuestionar mi capacidad de sentir. Todos sabemos que la literatura se basa en lo que cada uno siente. Los ensayos pueden ser totalmente cerebrales pero para escribir literatura hay que añadir un punto de emocionalidad. No quiero entrar en el debate de las capacidades para expresarlas, sino en la esencia de esa expresión.
Si sigo mi experiencia, he visto que he escrito en los momentos que he sentido cosas, momentos en los que ha habido algo que me ha movido por dentro. Y llego a mi pregunta? No esribo porque no siento?
Esto es un borrador que escribí hace un mes casi, explica que es lo que pensaba en ese momento. En realidad, llevo dandole vueltas a la misma idea desde verano, desde que una persona se cruzó en mi vida y me hizo pensar sobre estas cosas. Sin embargo, HOY HE ESCRITO!! No sé si es literatura, creo que lo bautizaré como poesía cerebral, pero es lo que me ha salido de dentro mientras venía en el autobus desde Eibar a Bergara después de una jornada de jugar a ser empresarios en Irún (que por cierto, no soy un buen empresario según esa simulación, nuestra empresa ha dado pérdidas el primer año aunque el segundo hemos remontado bastante bien). Seguiré escribiendo a partir de ahora, me parece que lo haré de forma continuada para buscar ese escape que necesito aún después de haber salido a la superficie y haber respirado en mis pequeñas vacaciones. Pero ahora, quiero compartir este gran momento en mi vida con vosotros. No es de buena calidad, no es alegre, pero es lo que hay.
Morir en soledad
Morir.
Algo dentro de mí se muere, aunque viva.
Algo fuera de mí se muere, aunque viva.
Sentir.
Ya no siento dentro de mí, aunque quiera.
Ya no siento fuera de mí, aunque quiera.
Siento morir.
Es lo único que puedo decir que no lo diga mi mente.
Es lo único que puede decir mi alma.
Mi alma se muere mientras mi cerebro se hace más poderoso.
Se aprende a morir en soledad cuando se aprende a vivir en soledad.
Se aprende a vivir en soledad cuando se elimina toda afinidad con los demás.
Cuando se elimina toda afinidad con los demás, se piede toda emocionalidad.
Cuando se pierde toda emocinalidad, se pierde todo contacto humano
y cuando se pierde todo contacto humano, uno, siente morir.
Siente vivir en soledad.
De Polonia a Hungría y tiro porque me toca
Este mes de abril es sin duda el mes de abril más raro que he vivido hasta ahora. Semanas de vacaciones entremezcladas con dias atípicos donde me voy a Zornotza, a Donostia, a Irún,… Extraño de cojones, que diría un amigo mio. Y entre medias mis vacaciones de Semana Santa atrasadas. En otras palabras, y no es por dar envidia, la semana pasada he estado viajando por Europa. Polonía era el destino inicial, aunque al final hemos terminado cruzando Eslovaquia para plantarnos un par de días en Budapest. Ha sido una semana de buenos momentos con gente a la que aprecio, gente que he conocido a lo largo de estos años en los que he estado estudiando en Oñati y que se han convertido en puntos clave para mi integración en lo que en su día fue un cambio radical de vida. Para los que os gusta el turismeo, decir que Cracovia y Budapest son preciosos, sobre todo Budapest, me fascinó de tal manera qu algún día volveré con más tiempo. Wroclaw, nada del otro mundo, pero no os voy a contar que vimos esto y lo otro. Esta semana he tenido tiempo para observar y reflexionar sobre algunas cosas y eso es lo que voy a intentar plasmar.
Me llamó mucho la atención el nivel de inglés que se maneja en Polonia. Sé que solo he estado en dos ciudades y que es difícil valorar algo así en una visita turística, pero me sorprendió que en cualquier establecimiento abierto al público hubiese gente que te atendiese sin problemas en inglés fluido, incluso muchas de las cartas de los restaurantes estaban en inglés. Algo de lo que sin duda deberíamos de aprender por estos lares. Budapest me pareció que el nivel era inferior, pero en los sitios turísticos uno podía entenderse perfectamente en la lengua de Shakespeare.
Otra de las cosas que pude observar fue la baja presencia de empresas españolas por esa zona. Aparte de las tiendas de ropa como Zara, por ejemplo, y alguna que otra industrial, como es el caso de Fagor, poca presencia. Vodafone y Orange comiendole la tostada a Telefónica, BP en vez de Repsol, incluso Whirpool tenía más presencia que Fagor a pie de calle. Aunque no lo parezca es un mercado en alza, todavía hay mucho mercado por allí, aunque ya queda menos cada día que pasa. Creo que uno de los grandes fallos de nuestra industria ha sido el considerar a esos paises como productores de bajo coste y no como posibles grandes consumidores. Solo hay que ver la gran cantidad de centros comerciales que se han abierto estos últimos tres años y la poca presencia de empresas españolas en estos. Me llamó la atención la presencia asiatica, sobre todo en hostelería. Aquí tendremos chinos a patadas, pero allí eran los restaurantes de sushi.
Los frikis y las marujas digitales. No es nada nuevo pero es que me ha tocado la fibra. Estoy acostumbrado a que se me trate como un friki, que se me llame friki. Todo por tener un blog, un twitter,… cosas así. Creo que no hay que explicar mucho para entender lo que quiero decir. Yo tenía pensado desconectarme del todo esta semana, no conectarme ni twittear ni leer el correo ni nada de nada, cosa que al final no ha sido posible del todo pero he reducido mi conexión considerablemente. Sin embargo, me he topado con marujas digitales. Me explico. La gente con la que he ido de vacaciones es gente que utiliza internet para buscar información, para andar en el tuenti y como mucho alguno que otro en facebook. Gente bastante offline que a personas como yo nos llaman frikis. Sin embargo, me he dado cuenta de que dependen mucho más que yo de internet. Parece una contradicción pero es así, las marujas digitales no pueden pasar una semana sin mirar el tuenti. Sin mirar que ha hecho su amigo, su conocido, incluso gente que no conocen. Siempre he considerado que soy una persona curiosa, de mucha curiosidad, pero nunca he entendido ese interes por la vida de los demás, por los detalles sórdidos y por la crítica fácil. Ver fotos de personas ajenas nunca ha sido mi pasión, pero resulta que hay gente que empieza a mirar y no para. Puede estar horas mirando fotos ajenas. Que si mira ese como va, que si mira que cutre, que si mira que pintas,… Las redes sociales pueden servir para comunicar, para poner en contacto a gente que no tiene otra forma de comunicarse, para encontrar viejos y nuevos amigos,… pero su uso principal es el marujeo. Ya no hay que ver la vida de los famosos en programas rosas de televisión, ahora se puede ver la vida de personas anónimas. Creo que la mayoría de las personas hacen un uso de cotilleo de las redes sociales, cosa que no me gusta en exceso. Tuenti es ideal para eso, su política de privacidad es muy reducida, pero hay que estar, sino se pierden muchas cosas. Se gana más que se pierde? Es una de las cosas a la que estoy dando vueltas. Espero sacar conclusiones un día de estos, responder a esa pregunta, o mejor dicho, responder a la pregunta de “gano más de lo que pierdo?”, porque será una conclusión personal. En serio, mirad a vuestro alrededor y contad las personas que hacen un uso de estas redes sociales para el marujeo y las que hacen otro uso.
La última reflexión ha sido de carácter más personal. Me he sentido a gusto viajando con otras personas, pero he sentido las ganas de viajar solo, en soledad. Es una idea que ya manejaba desde hace tiempo pero que en este viaje he visto claro. He sentido la dependencia del grupo, esa sensación de ir en grupo a todas partes y no me ha gustado demasiado. Lo primero porque nos hemos cerrado a lo ajeno, a conocer otras personas. No del todo, pero si en gran parte. Desde nuestra posicion de comodidad no hemos interactuado tanto como me hubiese gustado (y esto es autocrítica, porque yo personalmente tampoco he hecho demasiado para ello) con la gente local. Si viajas solo no te queda otro remedio que hablar con desconocidos y eso al final resulta enriquecedor. Lo segundo, porque limitas mucho lo que puedes hacer y lo que no. A mi me gusta callejear por las ciudades, coger un mapa, perderme y lugo decir “estoy aquí y voy a ir hacia allí” pero sin un rumbo fijo. A otro le gusta estar en una terraza y hablar, a otro mirar los edificios más turísticos, a otro sentarse y beber cerveza, a otro vivir de noche y dormir de día,… y así un gusto diferente por persona. Que nos guste lo mismo a todos es algo imposible de conseguir y creo que la única manera de exprimir un viaje es viajar solo, porque así no tienes que depender de nadie, no tienes que ceder ante otros gustos. Me parece que el próximo viaje, o por lo menos uno de los siguientes, lo haré solo.
Y esto es lo que he traido de mis vacaciones, además de una botella de vino húngaro que espero degustar con mi padre un día de estos. Algún día volveré a hacer el mismo viaje, con más tiempo y solo a poder ser. Puede que este verano me coja unos días y me escape, quien sabe, está tan lejos y a la vez tan cerca que no sé lo que me deparará la época estival.
Preparación y juicios
Hoy no he ido a clase. No ha sido porque he tenido cosas mejores que hacer, sino porque me han endiñado un trabajo que no era mio pero sí era de mi grupo y no ha podido ser. Cosas de hacer todo a última hora. O cosas de no haber preparado bien. De hecho, ayer estuvimos hablando de preparación en clase. Sí, de nuevo estoy hablando de Negociación.
Preparar para obtener el abanico más amplio posible de soluciones. Eso es con lo que me quedé de toda la clase. Bueno, no fue la única cosa, pero sí la principal. No se planifica, se prepara. Para mí, son dos cosas distintas. Planificar implica seguir lo planificado, preparar implica establecer unas directrices que no es obligatorio seguir al pie de la letra. Me gusta más esto de preparar que planificar. Creo que empezaré a cambiar mi forma de hablar y empezaré a usar estos dos términos de manera distinta. Y creo que empezaré a preparar mejor las cosas, pero no las planificaré.
Otra cosa de la que estuvimos hablando es de los juicios. Llevamos ya unas semanas hablando de ello y todavía no he contado nada sobre los juicios, que hacemos y recogemos. Es prácticamente imposible no juzgar. Hace años pensaba: ¿Por qué juzgamos todo? ¿Por qué no aceptar? Lo que no había pensado es que para aceptar hay que emitir un juicio antes. Emitimos juicios sobre los demás basandonos en la información que tenemos sobre ellos. Si solo sabemos algo sobre el otro, el juicio estará condicionado por ese algo y si sabemos algo más, puede que el juicio cambie. Depende mucho del observador que seamos, de la perspectiva de la que veamos las cosas. Sin embargo, juzgarse a uno mismo es más difícil. A veces, hay que mirarse a uno mismo antes de juzgar a los demás, mirarse en el espejo y decir: ¿Puedo juzgar yo a esa persona de la manera en la que estoy haciendo? ¿Estaré yo haciendo lo mismo? A veces, ocurre que uno mismo no sabe juzgarse, se sobrevalora o infravalora a uno mismo. Simon nos hablaba de la racionalidad limitada (Bounded Rationality), que no es más que algo que la mayoría hacemos. Intentamos ratificar nuestros juicios como válidos. Aunque estemos equivocados o aunque desde una perspectiva distinta el juicio sea distinto, damos el nuestro como el mejor. Por eso, creo necesario mirar de vez en cuando al espejo y pensar sobre cómo es uno y qué haría en esa situación. Creo que pocas veces nos ponemos en la piel del otro y vemos el mundo con sus ojos.
Hoy tampoco puedo hablar mucho más, como bien he dicho, hoy no he ido a la clase de Herve así que este post será cortito. Más en próximas entregas, aunque no sé cuando será, la semana que viene es un poco extraña porque tenemos dos días de clase, luego semana santa y luego viajecito a Polonia. Por lo tanto, puede que la hasta la última semana de abril no vuelva a escribir sobre la negociación. O puede que sí. Quien sabe.
Oye, tú que sabes de esto…
Lo siento, pero me voy a desahogar un rato. Si no quieres leer sobre los problemas de otro, no sigas leyendo este post. Avisado/a estás.
Estoy harto de que la gente piense que sé de ordenadores. Me paso el día pegado a uno, lo admito. Pero no los fabrico, ni los programo, ni hago sistemas operativos, ni nada de nada. A veces trasteo, a veces ayudado de un tutorial, a veces sin tener ni idea. Pero no soy Dios para poder hacer todas esas cosas que me dice la gente. Creo que piensan que si ya sabes un poquito más que ellos, puedes saber mucho más. Me cuesta horrores trastear, no hay más que ver lo que me está costando instalar el driver de una antena wifi. La gente suele estar pegada a un teléfono móvil todo el día, pero a nadie se le ocurre decir “oye, mira, que no me envia mensajes, tu sabes por qué es?”, ni nadie cuando se le gasta un bolígrafo le dice al de al lado “puedes fabricar tinta y cargarmelo por favor?”. ¿Por qué entonces la gente pregunta cosas sobre ordenadores a la gente que no tiene ni idea? Ah, claro, se me olvidaba. Yo trabajo con los del departamento de informática, con los frikis, por lo tanto algo tengo que saber. Lo que la gente no quiere saber es que yo trabajo con David y con Aitor, sí, me llevo bien con Gotzon y Beñat, pero ni mi trabajo se basa en programar ni arreglar ordenadores ni hacer maravillas con ellos. Yo lo utilizo como una herramienta más, como puede ser un bolígrafo. Y ya me estoy cansando de que la gente me pregunte cosas sobre los bolígrafos. Esto por una parte.
Por otra parte, estoy cansado de estar aquí. Necesito salir. Espero que el viaje a Polonia que me voy a pegar después de semana santa sirva para tomar un poco de aire pero creo que aun así, me voy a seguir sintiendo asfixiado. Me axfisia salir a la calle y encontrarme con lo mismo de siempre, la misma gente con los mismos planes, los mismos lugares, las mismas inquietudes. No es que esté pasando mal tal y como estoy, sino que necesito ver algo diferente porque estoy empezando a no apreciar lo que tengo. Pensaba que con eso del Erasmus iba a tener una oportunidad de salir, de ver algo que me sorprendiese y me cambiase un poquito, aunque sea un poquito, la manera de enfocar las cosas de aquí. Por eso he peleado por ello, para obtener un poco de aire, pero no ha salido. Seguiré viendo lo mismo desde la ventana cuando me levante a las mañanas. Y esto, sinceramente, está destruyendo mi entusiasmo, mi motivación. A veces me cuesta ver una razón para seguir adelante con mis estudios, con mi trabajo, con mis inquietudes. Tengo el apoyo de la gente que me rodea, que es importante, pero no es suficiente. Muchas veces, lo único que me impulsa es el hecho de que me falta un año para terminar la carrera y que cuando termine, podré hacer algo al respecto, tendré más disponibilidad al menos. Creo que desde aquellas épocas en las que estudiaba en Santander, no había sentido esta sensación de frustración, de haberme volcado en algo que no ha dado frutos. Hay tres diferencias entre algunos que van fuera y yo: 0.9 puntos en una asignatura, mi necesidad de respirar contra sus ganas de engordar el Curriculum y el ruido que he hecho durante todo un cuatrimestre contra su silencio. Parece ser que lo que prima no es la iniciativa, incluso cuando se buscan emprendedores. Hay que ser paciente para recoger los frutos, dicen, pero pertenezco a la generación de los supermercados. Nunca hemos sembrado, estamos acostumbrados a coger lo que necesitamos de una estantería.
Con esto no quiero hacer más ruido, no quiero movilizar a nadie a mi favor. Ya lo he asumido. Lo que pretendo con esto es mostrar mi frustración, mi estado anímico actual, consecuencia de haber hecho todo ese ruido. Nada más. No es más que una muestra pública de lo que siento, como aquel que escribe poesía y luego lo publica. Nada más.

