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Y…y…y… (Deleuze II)
* Un cuerpo sin órganos es un cuerpo no organizado, como lo sería el cuerpo de un bebé, pura vitalidad poderosa que busca ampliar sus propias fuerzas: un cuerpo hecho de afectos, de intensidades, en el que se pueden encontrar umbrales, zonas, polos. Un cuerpo como voluntad de potencia.
* El cuerpo sin órganos no es algo dado, es más bien un límite que tenemos que alcanzar, si queremos que la vida y el deseo fluyan. Hay que hacer que salten algunas cosas a través de las líneas de fuga, mediante procesos de desterritorialización.
* El cuerpo sin órganos designa un uso del cuerpo.
* Lo ideal, piensa Deleuze, es drogarse con un vaso de agua
* Un cuerpo sin órgano no está siempre interrogándose acerca de quién es: la pregunta así formulada lleva hacia donde las doctrinas psicológicas y psicoanalíticas quieren llevarnos, hacia atrás, hacia las raíces del árbol, hacia la infancia, rebuscando allí los vericuetos de nuestro auténtico deseo. Deleuze propone romper la lógica del ser (del “est”, el “es” en español) y pasar a la lógica rizomática de la conjunción (del “et”, el “y” en español). No buscar quiénes somos, sino todo aquello que podemos sumar gracias al “y”, sustituir el movimiento vertical del “es” por el movimiento horizontal del “y”… “y”… “y” ….
* El deseo que discurre por un cuerpo sin órganos es contagioso. (…) El deseo que discurre por un cuerpo sin órganos es contagioso. (…) basta con que un profesor abra la puerta para que todo lo demás pueda suceder, sea cual sea la asignatura que ese profesor imparta). Un profesor especial, atípico, se convierte en un viento que barre toda la tontería.
* La gran salud: hablar literalmente, pero también percibir literalmente, vivir literalmente.
* “Los drogados no dejan de recaer en aquello de lo que querían huir: una segmentación más dura a fuerza de ser marginal, una territorialización aún más artificial, puesto que se hace a partir de sustancias químicas, formas alucinatorias y subjetividades fantasmáticas. Los drogados pueden ser considerados como precursores o experimentadores que rehacen incansablemente un nuevo camino de vida; pero ni siquiera su prudencia tiene las condiciones de la prudencia. Entonces, o bien recaen en la cohorte de los falsos héroes que siguen el camino conformista de una pequeña muerte y de una larga fatiga. O bien, lo que es peor, sólo habrán servido para lanzar un intento que no puede ser retomado y que sólo puede servir para los que no se drogan, o ya no se drogan, que rectifican secundariamente el plano siempre abortado de la droga y descubren gracias a la droga lo que le falta a la droga para construir un plano de consistencia. ¿La equivocación de los drogados consiste en que cada vez vuelven a partir de cero, o para tomar droga o para abandonarla, mientras que habría que darse un respiro, echar por la calle de en medio, bifurcar por el medio? Llegar a emborracharse pero con el agua del grifo(Henry Miller)”
“C’est toujours avec des mondes que l’on fait l’amour” (Deleuze II)
* el deseo se manifiesta ante una falta, una carencia, y la satisfacción del deseo reside en la posesión de aquello que nos falta. Por lo tanto pensamos que lo satisfactorio es no desear, que es más feliz quien no desea porque eso significa que no le falta nada.
* Una concepción del deseo como carencia de algo siempre vincula el deseo al objeto: deseo esto o esto otro, deseo a tal persona, deseo estudiar esa carrera… Y como concebimos al mismo tiempo que existen objetos malos y objetos buenos, juzgaremos que un deseo es bueno o malo según la naturaleza buena o mala de su objeto. Así pues, el objeto es trascendente al deseo, es lo que permite desde fuera del propio deseo juzgar su bondad o su maldad.
* Para empezar, Deleuze dice que el inconsciente es una fábrica y que el deseo es producción. Esta idea podría expresarse diciendo que no es cierto que se desee un objeto, sino que siempre que se desea se desea un conjunto. Hablamos de manera abstracta cuando decimos que deseamos este o aquel objeto, porque nuestro deseo siempre es concreto, siempre es el deseo de un conjunto espacial, geográfico, temporal, territorial, concreto. Refiriéndose a las novelas de Marcel Proust, Deleuze afirma que, por ejemplo, no se desea a una mujer sino a esa mujer y todos los paisajes, todos los encuentros, todos los libros, todas las ciudades que se dan en ella, que están enrollados en ella: amarla es desear desenrollar, desarrollar lo enrollado.
* Producimos, fabricamos un conjunto, cuando deseamos. Deleuze lo resume así: “c’est toujours avec des mondes que l’on fait l’amour”, esto es, “con mundos es con lo que siempre hacemos el amor”.
* Si el deseo es producción, hay que concluir que no es algo espontáneo. Si partimos de considerar que es el objeto lo que deseamos, efectivamente el deseo parece el movimiento espontáneo que nace ante un objeto deseable. Pero si entendemos con Deleuze que el deseo es siempre deseo de un conjunto, entonces es el propio sujeto del deseo el que dispone los elementos, los coloca unos al lado de otros, los concatena (esto es justamente lo que hace la publicidad, construye el deseo, lo propone ya hecho a los espectadores, y
estos, cuando lo adoptan, desean esa construcción: sin embargo, acaban igualmente creyendo que poseerán la construcción entera con la mera compra del producto).
* Cuando se habla de los deseos es igualmente un lugar común el afirmar que siempre es difícil conseguir lo que se desea. Sin embargo, Deleuze da la vuelta a esta afirmación: lo difícil no es conseguir lo que se desea, sino que lo difícil es desear.
* Lo verdaderamente difícil es desear, porque desear implica la construcción misma del deseo: formular qué disposición se desea, qué mundo se desea, para que sea el mundo que te conviene, el mundo que aumenta tu potencia, el mundo en el cual tu deseo discurra. El deseo se convierte de esta manera en el objetivo del desear, es un resultado, es en sí mismo virtuoso. Y así ha conseguido Deleuze anular del todo la necesidad de un juicio exterior a la vida y al deseo: lo que está bien es desear, el deseo lleva en sí su propio juicio,
su juicio inmanente.
* Tan difícil es desear que incluso resulta fácil conseguir lo que se quiere. Desde esta concepción el deseo es como una plenitud, como una alegría, como una potencia de crecimiento, si algo falta, sin duda se conquista.
“Dilo o te doy una bofetada” (Deleuze II)
* “Somos como la hierba: hemos hecho del mundo, de todo el mundo, un devenir, porque hemos hecho un mundo necesariamente comunicante, porque hemos suprimido de nosotros mismos todo lo que nos impedía deslizarnos entre las cosas. Hemos combinado el “todo”, el artículo indefinido, el infinitivo-devenir y el nombre propio al que estamos reducidos. Saturar, eliminar, ponerlo todo”.
* es una música triste la de quien espera el desfallecimiento del otro (que seguramente acaecerá, ya que desfallecimientos siempre los hay, por causa de una mal encuentro o
por la enfermedad o por la vejez) para mostrarse finalmente vencedor, dueño de una razón única.
* Es difícil encontrar alegría y felicidad en ese saber por regresión, en ese saber por adelantado. El rizoma es un modelo mucho más gozoso porque no pretende saber lo que uno es de una vez por todas.
* Un niño se relaciona con muchas cosas y no sólo con su familia: existe para él la calle, y los animales, y otras personas, y cuando se pone a delirar no sólo delira con papá y mamá, sino que delira también con los trenes y los viajes, y con el tío que lo coge de la mano, y con el estrépito y las nubes y lo que hay al final de los raíles. El rizoma se extiende conectándose sin más límites que su propia potencia.
Delirar es, en cierto modo, desear.
“Él no planta patatas, él no planta algodón” (Deleuze II)
* De manera que la imitación se destruye a sí misma, en la medida en que el que imita entra sin saberlo en un devenir, que se conjuga con el devenir sin el saber de lo que imita.
* La cultura arborescente es la cultura del ser, la de que hace de las raíces un impedimento al movimiento, y del territorio un terreno vallado y fijo. La cultura rizomática multiplica las relaciones colaterales, crece y se amplía hasta donde llega su propia fuerza; su territorio no conoce las vallas porque se delimita por la potencia con la que es capaz en cada momento de ocupar el espacio.
* Borrarse y experimentar se resumen en hacer rizoma: no echar raíces en nuestra identidad, hacernos mundo buscando las conexiones que nos convienen.
* Es así como circula la vida, y es así como se mueve el deseo. Siempre mediante empujes exteriores y conexiones productivas. El rizoma es una multiplicidad que cambia a medida que aumentan sus conexiones.
* El viaje, el movimiento, la desterritorialización adquieren, gracias a la imagen del rizoma, una dimensión más precisa. No son más vitales los individuos que hoy en día se desplazan de un lado para otro casi sin parar, por trabajo o como turistas, ni los que cambian de domicilio o de amante continuamente. El rizoma no abandona un territorio para ocupar otro, sino que conecta nuevos territorios y los invade con su color, con sus formas, con su perfume, que van cambiando y fusionándose con los colores formas y perfumes de lo
invadido. Se puede ser un sedentario, o un amigo y amante fiel y moverse entre las cosas, estar siempre en el medio, no dejar de hacer mundo. Y, por el contrario, se puede ser viajero empedernido, que cambia de lugares y amores y, sin embargo, siempre estar en el mismo sitio.
* Si el territorio es un vector de movimiento, eso quiere decir que cuando hacemos algo, hay que tratar al mismo tiempo de salir de eso que hacemos. (…)se trata de salir permaneciendo, salir de lo que uno hace mediante lo que uno hace, paraencontrar ampliaciones posibles del territorio. (…)Como el rizoma, que permanece y sale al mismo tiempo.
* Gilles Deleuze no fue un gran viajero: afirmaba que leer y escuchar música le hacían pasar por estados y emociones que un viaje no le darían, por lo que sus libros, sus discos eran para él sus tierras extranjeras.
Como la orquídea y la avispa (Deleuze II)
* “El nómada tiene un territorio, sigue trayectos acostumbrados, va de un punto a otro, no ignora los puntos (punto de agua, de habitación, de asamblea, etc.)si los puntos determinan los trayectos, están estrictamente subordinados a los trayectos que determinan. (…) Un trayecto es siempre entre dos puntos, para el entre-dos ha tomado toda la consistencia y goza de una autonomía como de una dirección propia. La vida del nómada es intermezzo.
* Si un cuerpo no se define por su pertenencia a una especie, sino por los afectos de los que es capaz, por el grado de su potencia, por los límites móviles de su territorio, entonces no se puede saber lo que puede un cuerpo antes de la experiencia
* Nuestra única orientación ha de ser una preparación a la experimentación. Y esta preparación consiste en no ser imitativos, en no juzgar, en no interpretar mediante las categorías generales de lo que está bien o mal; esto es, se trata de no reducir la experiencia a lo que se nos da socialmente como ya conocido. Puesto que no sabemos qué puede nuestro cuerpo, de qué afectos es capaz, hasta dónde puede llegar nuestro territorio, hay que probar.
* Probar consiste en no juzgar a los existentes sino en sentir si nos convienen o no, si nos aportan fuerzas vitales que ampliarán nuestra potencia o, por el contrario, si nos llevan a la miseria y a la pobreza. Lo que nos conviene puede ser reconocido por dos características: crecimiento y alegría. Ambas son indisolubles. Un crecimiento que no conduce a la alegría puede ocultar la imposición de un territorio que no es el nuestro (como el caballo de carreras convertido en caballo de labranza), Una alegría que no produce crecimiento puede estar larvada de triste resentimiento (la alegría del envidioso cuando ve que le van mal las cosas a aquel al que envidia).
* En el amor hay composición de un cuerpo con otro, hay devenir. El devenir es algo que sucede entre dos cosas que se encuentran, y eso que sucede no es del orden del reconocimiento ni del juicio, sino de la captura o el robo. A partir de lo que se es, del propio territorio se extraen partículas en contacto con lo que se deviene: el devenir es un proceso de deseo.
* La vida que hay en cada uno de nosotros es un grado de potencia, no es algo fijo y dado de una vez por todas, sino algo en continuo devenir, crecimiento y disminución. Sin embargo, cuando asumimos una identidad, sujetamos el desarrollo de nuestra potencia de vida a los deseos y las formas propias de esa identidad que se nos incorpora. Las identidades siempre son mayoritarias: “hombre”, “blanco”, “occidental”… El yo personal se nutre de esos deseos, ideas y formas, y no deja que en él prolifere nada que no sea acorde con esa identidad. Aprisionamos la vida. Devenir comienza cuando rompemos las líneas duras del ser. Todos los devenires son minoritarios, ya no están guiados por las identidades. Cada individuo desarrollará entonces la vida en un modo particular pero no personal: las ideas, los deseos, los modos de vida que le invaden y de los que se contagia nacen y se mueven desde más acá o más allá de él mismo, de su yo. Lo individual y particular no es personal, es impersonal, cósmico, mundano.
* La vulgaridad y la fealdad están del lado del ser. Pero hay que entender que los peligros y los riesgos están del lado del devenir. La experimentación, la destrucción de la identidad personal, las líneas de fuga nos hacen bordear lo desconocido. Hay que desarrollar una gran prudencia, ser nómada sin acabar siendo exiliado. Hay que aprender a conocerse a sí mismo, experimentar pero encontrando aquello que nos conviene. Y todo ello sin morir en el intento.
¿Qué hacía la pantera rosa? (Delueze II)
* Liberar la vida no es algo abstracto. Deleuze piensa que la literatura libera la vida gracias a la creación de personajes. Su misma existencia es ya resistencia frente a la imbecilidad y la vulgaridad.
* La filosofía también tiene la función de resistir frente a la imbecilidad y la vulgaridad. La propuesta de Deleuze para liberar la vida del lenguaje del ser y de los juicios trascendentes se podría expresar en forma de tres acciones: borrarse, experimentar, hacer rizoma. Borrarse quiere decir difuminar en nosotros el universal o la especie a la que pertenecemos: “hombre”, “blanco”, “occidental”. Nuestra identidad está formada por los contornos fijos, las líneas duras del ser. Para que la vida circule y devenga hay que poner el movimiento el territorio, emprender líneas de fuga, desterritorializarse. Convertirse en nómada. Pero el nómada no es el exiliado, no es aquel que debe abandonar su territorio, sino que es aquel que está continuamente moviéndose porque justamente lo que no quiere es abandonar su territorio.
* Se trata de buscar otros trocitos de tierra favorables, porque los estratos de los que estamos formados no agotan la materia. Ser nómada es emprender movimientos de desterritorialización y reterritorialización, es salir fuera de los estratos de nuestra identidad como personas, fuera de la lógica binaria por la que somos hombre o mujer, niño o adulto, profesor o alumno, humano o animal. Deshacer o borrar estos estratos de contornos fijos no es matarse, sino permitir conexiones, circuitos, tránsitos y devenires. Es combatir el uno de nuestra identidad y hacernos múltiples.
* Borrarse –nos dice Deleuze- es hacer como la Pantera Rosa (el dibujo animado de las películas de Blake Edwards). ¿Qué hacía la Pantera Rosa? Pues pintaba la pared que había detrás de ella de color rosa y, de esta manera, pasaba inadvertida. Hacer que el mundo devenga rosa para devenir imperceptible, indiscernible, impersonal, devenir mundo.
* Es de nuevo otra imagen de cómo emprender líneas de fuga. No se trata de huir del mundo sino de hacer que el mundo huya. El mundo huye (el mundo de la clasificación de la lógica binaria, el mundo en el que nuestra identidad se recorta, negro sobre blanco) cuando dejamos de hacernos de notar, porque somos mundo, porque somos como todo el mundo. Pero ser como todo el mundo es difícil, es un asunto de devenir, es hacer del mundo un devenir: no todo el mundo, ni mucho menos, hace de todo el mundo un devenir.
* No es un juego de palabras. Hacer como la Pantera Rosa es hacer como la hierba: hacer del mundo un mundo comunicante, eliminando lo que nos impide estar entre las cosas y crecer en medio de las cosas. Se consigue a fuerza de eliminar, es cuestión de ascesis y de sobriedad. Mi territorio queda así fuera del alcance del lenguaje del ser, no porque sea imaginario, sino porque estoy continuamente trazándolo, como el nómada.
* El resultado, cuando el mundo deviene rosa, cuando hemos devenido mundo, es que ya no tenemos nada que esconder (lo que se esconde es siempre lo mismo, cuestiones de amor y de sexualidad). Y no teniendo ya nada que ocultar, no podemos ser atrapados, el mundo huye, somos imperceptibles (deshacemos la lógica del amor, que es una lógica narcisista, porque habla fundamentalmente del yo, para devenir capaces de amar).
“Adiós, me voy y siempre llevaré en mi corazón…” (Deleuze II)
* “Serás organizado, serás un organismo, articularás tu cuerpo –si no, serás un depravado. Serás significante y significado, intérprete e interpretado – si no, serás un desviado. Serás sujeto, y fijado como tal… – si no, serás un vagabundo. Al conjunto de los estratos, el cuerpo sin órganos opone la desarticulación (o las n articulaciones) como propiedad del plano de consistencia, la experimentación como operación en ese plano (¡nada de significante, no interpretéis jamás!), el nomadismo como movimiento (incluso en el sitio,
moveos, no dejéis de moveros, viaje inmóvil, desubjetivación)”.
* Se trata de liberar la vida y de no abandonar el juicio. Para ello la vida debe ser juzgada de manera inmanente. Un juicio inmanente de la vida es un juicio realizado desde dentro mismo de la vida, sin tener en cuenta nada más que la propia vida, un juicio terrenal, hecho a base de valores estrictamente terrenales.
* Empecemos por poblar el universo de seres vivos diferentes, de cuerpos particulares, y pensémoslos sin el lenguaje del ser. Dicho de otra manera, no tomar en cuenta el lenguaje del ser significa no definir un cuerpo por la especie a la que pertenece, sino por los afectos de los que es capaz: definir cada planta, cada animal, cada hombre y cada mujer de manera particular, con arreglo a aquello de lo que son capaces, es decir, con arreglo a su potencia.
* La “potencia” no quiere decir aquí lo que potencialmente podría hacer un individuo por el hecho de pertenecer a una especie concreta, sino que “potencia” significa lo que realmente puede este individuo, y lo que realmente puede es lo que hace.
* Deleuze emplea la palabra “territorio” para referirse a la potencia particular de cada individuo. En efecto, podemos inmediatamente entender qué es el territorio de una garrapata, de un arbusto, de un caballo, de un hombre o de una mujer: es el espacio que ocupa un cuerpo vivo mediante los afectos de los que es capaz.
* La potencia busca crecer y anexionarse más territorio. Los seres humanos, los animales, las plantas, poseen un territorio que no se delimita por contornos fijos, sino que está en continuo movimiento porque está determinado por la fuerza vital de cada cual. Un territorio no se delimita desde fuera, no es una propiedad privada. Cuando no actúa la violencia de los otros, el territorio crece hasta el límite de sus propias fuerzas.
* El territorio es devenir, se deja invadir o invade, se puebla, se desertiza.
* Es más fácil de decir que de hacer, porque es fácil decir que hay que vivir encontrando a las personas, las cosas, las ciudades, lo libros que a una le convienen, que los encuentros convenientes harán crecer la potencia de vida y por tanto la alegría. Lo difícil es saber cuáles son esas cosas que me convienen y cómo encontrarlas.
Los hombres son hierba (Deleuze II)
* “Nada fácil percibir las cosas por el medio y no de arriba abajo o al revés, de izquierda a derecha o al revés: intentadlo y veréis cómo cambia todo. No es fácil ver la hierba en las cosas y las palabras”
* Es una lógica de las relaciones. Son ellas lo que hay de importante en la vida: no los sujetos sino las acciones.
* La lógica de la vida no es una lógica del ser sino del devenir.
* Deseamos que los pasajes sean rápidos, porque en los términos de partida y de llegada está lo fundamental.
* Y aún aquí reside otra dificultad vinculada a nuestra manera de entender el devenir. Incluso pensando en los términos antedichos –“el devenir adulto de un niño”-, concebimos el devenir como un movimiento de imitación, el niño para devenir adulto debe hacer como el adulto: restituimos, de esta manera, la primacía a “ser niño” y “ser adulto”. Sigue siendo para nosotros fundamental la pregunta “¿en qué te estás convirtiendo?” y, así dicha, esta pregunta se convierte en otra forma de la pregunta de siempre: “¿qué eres?”. Seguimos en la lógica del ser.
* Para salir de esa lógica hay que pensar el devenir no en términos de “hacer como” sino de “dejar hacer”. No imitar, sino dejarse contagiar. En la imitación no hay cambio ni movimiento, hay niños y hay adultos. En el contagio hay fusión y la posibilidad de que surja algo nuevo. El devenir “adultear” cambiará al pasar por ese niño, al combinarse en él con otros movimientos. Si yo “mujereo”, ese devenir me cambia a mí y cambia a las mujeres. Devenir, dice Deleuze, es como una boda entre dos reinos.
Un huracán avanza alegremente (Deleuze II)
Sin darme cuenta he llegado a los 50 posts en este año escaso (desde el 19 de febrero del año pasado) y creo que no he contado demasiadas cosas mías y que he contado demasiado de los demás, pero bueno, qué le vamos a hacer, este no es un blog autobiográfico. Hoy vengo a hablaros sobre Deleuze, otra vez, que es de lo poco que me queda ya por hablar sobre el deseo y empezar a hablar sobre otras cosas en este blog. No podría procesar todo lo que tengo subrayado de este texto de Maite Larrauri, porque aunque trate de Deleuze, es de Maite Larrauri. Por lo tanto, vamos a hacer una cosa, voy a poner todo lo que he subrayado e iré comentando algunas cositas, pero quiero que me hagais llegar vuestras reflexiones a los comentarios y que de ahí empecemos a conversar sobre los temas que se tratan en este texto, que son muchos.Para que no resulte demasiado grande, lo he dividido de manera que iré publicando cada capítulo en un post. Y es que la filosofía me puede, me gusta pero me puede.
Un huracán avanza alegremente
- sabía que cada cual tiene que aprender a pensar por sí mismo y que, por lo tanto, enseñar no es comunicar, ni informar, sino discurrir, dejar que el discurso discurra ante los oyentes para que sea el propio oyente el que decida en qué momento entra en la corriente del pensamiento
- La filosofía tiene que ser capaz de contagiar su propio movimiento, hacer que las ideas y las mentes se muevan, como los cuerpos se agitan al ritmo de la música popular que los invade.
- Una puerta de entrada a la filosofía de Deleuze consiste en entenderla como una filosofía vitalista. Pero no basta pensar que un vitalista es alguien que ama la vida; es demasiado ambiguo, incluso trivial y anodino: a primera vista todos los humanos parecen amar la vida, puesto que se aferran a ella. Así que tomaremos prestada una idea de Nietzsche y definiremos a los vitalistas como aquellos que aman la vida no porque están acostumbrados a vivir, sino porque están acostumbrados a amar. Estar acostumbrado a vivir significa que la vida es algo ya conocido, que sus presencias o sus gestos o sus desarrollos se repiten y ya no sorprenden. Amar la vida porque estamos acostumbrados a vivir es un querer lo ya vivido. En cambio amar la vida porque estamos acostumbrados a amar no nos remite a una vida repetitiva. Lo que se repite es el impulso por el que nos unimos a las ideas, a las cosas y a las personas; no podemos vivir sin amar, sin desear, sin dejarnos arrastrar por el movimiento mismo de la vida. Amar la vida es aquí amar el cambio, la corriente, el perpetuo movimiento. El vitalista no ha domesticado la vida con sus hábitos, porque sabe que la vida es algo mucho más fuerte que uno mismo.
- La vida es aquello en lo que nos encontramos metidos, lo que nos empuja. Es más fuerte que cualquiera, porque nace más acá de nosotros y nos lleva más allá de nosotros. Un flujo, una corriente, un viento. La vida, así vivida, es una vida gozosa, es una vida que se mueve por deseos y por alegría. Una alegría del crecimiento, no edificada sobre el resentimiento, ni sobre el odio, ni sobre las desgracias ajenas; una alegría que no necesita la tristeza de los otros para existir. La imagen de la vida como un viento, como un huracán, sirve para entenderla. Siguiendo esta imagen –nos dice Deleuze- se podría afirmar que “un huracán avanza alegremente”. Su alegría proviene del mismo avance, de su propio movimiento y no de la destrucción de las casas a su paso. El huracán contento de causar muerte y destrucción a su paso es el huracán resentido, el huracán contento de su movimiento es el huracán gozoso.
- Aprisionamos la vida. Por miedo y por pereza, sin duda, y esos son elementos individuales, pero también porque vivimos en el interior de una cultura que nos ha acostumbrado a ello.
Contró!! Contró!! (Deleuze I)
Hoy vengo con un texto más cortito que el anterior pero no por eso con menos jugo que exprimir. Tal como os hablé hace un tiempo ya, una de las nuevas direcciones de mi investigación está relacionada con el deseo y trasteando en la pequeña biblioteca que tienen montada en el Foro Itaca (de nuevo, ya os aburriréis de verlos por aquí) encontré varios textos relacionados con el deseo. Sobre todo, me llamó la atención que casi todos están relacionados con la filosofía y sobre todo, con Gilles Deleuze. Hoy, concretamente, os hablaré de un texto de Deleuze llamado “Posdata sobre las sociedades de control” que aparece en un libro llamado “El lenguaje literario” de Christian Ferrer. Aquí donde me veis, no puede dar la impresión de que sea estudiante de LADE, no hago más que hablar de filósofos e informáticos en este blog, que le vamos a hacer.
Deleuze nos habla en el texto sobre las diferentes sociedades que se han creado a lo largo de la historia. Empieza esta clasificación con las sociedades de soberanía, donde el objetivo era recaudar más que organizar la producción, decidir la muerte más que administrar la vida. A estas le siguieron las sociedades disciplinarias, donde el individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro. Cada agente social (familia, escuela, fábrica, hospital,…) estaba aislado de los demás, pero ésta entro en crisis tras la segunda guerra mundial. Las sociedades de control las sustituyeron y estas ya no se ejercen en espacios cerrados, sino existen formas utrarápidas de control al aire libre.
Para Deleuze, la fábrica era el ejemplo por excelencia de las sociedades disciplinarias, donde todo estaba medido para que se crearan sinergías en pro de la producción. En este tipo de sociedades, cada espacio de encierro es independiente del siguiente: la familia no se mezcla con el trabajo, ni el trabajo con el ocio. Cada vez que se cambia de espacio se empieza de cero. Sin embargo, la fábrica se transforma en empresa en el caso de las sociedades de control, donde los espacios se difuminan formando un sistema de geometria variable. Ya no es tan fácil distinguir entre los diferentes espacios y tienden a convertirse uno la continuación del otro, a fusionarse entre ellos hasta generar un ente abstracto. En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal.
Esta diferencia entre las sociedades disciplinarias y las sociedades de control se ve también en los bienes y su forma de producción y comercialización. Las primeras, se caracterizan por la concentracion, tanto para la producción como para la propiedad, y la transformación de materia prima en productos. Los bienes tangibles tienen el protagonismo, se producen, se venden, se compran y se acumulan. En los segundos, la transformación deja paso al montaje. Se compran productos, se juntan entre ellos y se crean nuevos productos. además, los bienes intangibles adquieren mayor protagonismo que los tangibles. Lo que quiere vender son servicios, y lo que quiere comprar son acciones. Ya no está orientado a la transformación, sino a la venta, incluso las masas se diluyen en muestras, datos, mercados o bancos. Y aquí, el marketing es el rey.
El servicio de venta se ha convertido en el centro o el “alma” de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento de control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. En este punto podemos ver la relación con lo que Julen nos contaba el otro día sobre las redes sociales. Éstas son grandes báncos de información sobre lo que nos gusta y lo que no, lo que consumimos y lo que no, y en este punto, damos toda la información necesaria para que se generen nuevos bienes de consumo más ajustados a las necesidades de los consumidores. Ya lo dice la teoría de marketing (por lo menos la que nos enseñan a nosotros en clase): lo ideal es que el cliente te diga lo que quiere y desarrollar tu producto/servicio acorde a ello.
Por otro lado, estas redes sociales pueden utilizarse para obtener otro tipo de información. No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). No es necesaria la ciencia ficción ni tampoco un collar electrónico para ello, ya que a día de hoy esto se hace voluntariamente, por ejemplo, vía twitter. Telegrafiamos cada paso que damos y gracias a estas herramientas podemos tener controlada a la gente hasta el punto que estas quieran. Otra cosa será cuando nos empiecen a controlar sin nuestro consentimiento, de un modo involuntario.

